Oia

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Oia es fundamentalmente mar, montaña y cielo. Recorriendo la PO-552 que une A Guarda con Baiona disfrutaremos de 18 km. de costa inolvidable entre el tempestuoso océano Atlántico y la montaña de la sierra de A Groba.

Una parada en cabo Silleiro, que se identifica fácilmente por la presencia del faro, nos ofrece unas hermosas vistas de las islas Cíes y una puesta de sol inolvidable.

DEPORTE

En las costas de Oia podemos practicar deportes náuticos como el surf, el bodyboard, el windsurf o el piragüismo. Además, en los ríos que cruzan todo el ayuntamiento se pueden practicar actividades como el rafting o el piragüismo.
El río más destacado para estos fi nes es el Tamuxe, entre Burgueira y Loureza. En la montaña hay actividades tan interesantes como el senderismo, montar a caballo en el picadero de Alto da Cheira en Mougás, la escalada en las paredes de A Fervenza en Mougás y la de A Guieira en Sta. María de Oia. El parapente es, sin duda, el deporte por excelencia del municipio de Oia. Desde lo alto del monte Corrubelo, con 580 m. de altitud o desde el monte Castro con 460 m. las condiciones son ideales para volar sobre una ladera con el mar como escenario.

MONTAÑA

Ascendiendo desde la PO-550 en dirección a Torroña, Mabia y Santa Comba podemos hacer un recorrido circular de poco más de 30 km. por el corazón del macizo de A Groba, que nos dará una amplia visión del municipio.
Aparcar el coche y caminar por una de las pistas forestales es todo un placer para los amantes de la naturaleza.

POZAS NATURALES

Las más conocidas son las de Mougás y las de Loureza, porque son las de mejor acceso y las más grandes. A las de Mougás se puede acceder a pie desde el centro del pueblo o en coche en dirección a Torroña a la altura del Alto da Cheira. Para llegar a las Pozas de Loureza ascendemos hacia Burgueira.

AS SOBREIRAS DO FARO

En la vaguada del río de Broi, en el monte de la parroquia de Viladesuso se encuentran las “Sobreiras do Faro”, una masa arbórea prácticamente pura de alcornoque con ejemplares de hace más de 70 años.

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CURROS

CABALO GALEGO

En 1567 una gran peste devastó la provincia de Pontevedra. Dice la leyenda que a cambio de protección, dos hermanas ofrecen dos caballos a San Lorenzo. Una vez pasado el peligro, cumplen su promesa y entregan los animales al párroco de la aldea. Esta pareja de caballos se fue multiplicando por los montes pontevedreses hasta que fue habitual la presencia de caballos en libertad. Nacerá la raza “Cabalo Galego”.

4000 AÑOS

Más allá de la leyenda, la presencia de équidos en la sierra de A Groba se remonta al menos a 4000 años atrás, como testimonian las fi guras representadas en los petroglifos. En el siglo XII se documenta la presencia de yeguas y caballos pertenecientes al Monasterio de Oia, que pagaba al de Coruxo con estos animales, la adquisición de tierras. La existencia de los curros se conoce al menos desde el siglo XVIII, por un foro en el que se reconoce el derecho del monasterio de “prender y acorralar”.

RAPA DAS BESTAS

El “Cabalo Galego” vive en semilibertad en los montes. Una vez al año las reses deben ser trasladadas a los curros (grandes corrales circulares) para higienizarlos cortándoles las crines y marcar a los potros con el hierro de cada ganadería. Tras este proceso, conocido como “rapa das bestas”, parte del ganado es vendido para la producción de carne o tareas agrícolas y el resto regresa a los montes.

RUTA DE LOS CURROS

Con la llegada del verano comienzan los curros, una labor agropecuaria convertida hoy en una fi esta. La “ruta dos curros” comienza el segundo domingo de mayo con el curro de la Valga, situado entre las parroquias de Burgueira y Loureza. Característica sobre todo por el lugar donde se celebra, presidiendo la sierra de A Groba, a 600 metros de altitud sobre el nivel del mar. El primer fi n de semana de junio se celebra el curro de Torroña, parroquia de Burgueira, y el segundo fi n de semana de junio el curro de Mougás. Las personas que con su fuerza física intentan doblegar a los caballos son los “agarradores” o “aloitadores”. El forcejeo desmesurado que se produce forma parte de la atracción. La “rapa das bestas” es una fi esta única, defi nitoria del modo de vida y de la tradición en los montes de Galicia. Una fi esta para conocer de verdad las raíces de un pedazo de tierra distinto.

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MONASTERIOS DE SANTA MARÍA LA REAL DE OIA

DESDE EL SIGLO XII

Está situado en la ensenada de Oia donde, según algunos historiadores, ya existía un castillo. El monasterio se fundó en el año 1137 y en él residirían los monjes de la comarca bajo la tutela de Alfonso VII de Castilla. El monasterio fue regido por 140 abades desde 1137 hasta 1835. Nació como una congregación austera bajo la sencillez dictada por San Bernardo, buena prueba de ello es la simplicidad en sus formas arquitectónicas. El coro y la sacristía están datados en el siglo XVI. El claustro fue fi nalizado en el último tercio del año 1500.

A LA ORILLA DEL MAR

El aspecto del monasterio sugiere el de una fortaleza asentada a la orilla del mar. En diversas ocasiones ejerció de bastión defensivo del reino, ante las constantes incursiones portuguesas y los innumerables ataques de la piratería. El capitán general del Reino de Galicia ordenó en el año 1621 que el capitán y el alférez al mando de las fuerzas vigilantes de aquella costa, residiesen en Oia y nunca abandonasen el monasterio.

CAMPO DE CONCENTRACIÓN EN LA GUERRA CIVIL

Con la desamortización de Mendizábal, en 1835, fi naliza la historia del monasterio como tal después de casi 700 años y pasa a convertirse en iglesia parroquial en 1838. En 1912 fue ocupado por los jesuitas expulsados de Portugal, que permanecieron allí hasta 1932, cuando el gobierno republicano nacionalizó los bienes de la Compañía de Jesús. Inmediatamente después fue campo de concentración durante la guerra civil. En la actualidad y después de pertenecer a varios propietarios, está en fase de restauración.

UN ENTORNO PARA DISFRUTAR

El Arrabal es el pequeño núcleo que creció al amparo del monasterio. Un paseo por sus calles resulta interesante para ver muestras de la arquitectura tradicional gallega. En el puerto de Oia, a los pies del monasterio, y en momentos de marea baja podemos distinguir perfectamente una “camboa” (pesquera que funcionaba como trampa para los peces) realizada por los monjes. Desde el Monasterio de Oia hasta Punta Orelluda es posible realizar un sugerente paseo entre campos de cultivo y pequeñas calas. Una vieja casa conserva la inscripción “Casa de la Culpa 1810”, donde los vecinos encerraban a los culpables de hurtos u otros delitos.


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